miércoles



Era un gilipollas con cara de gilipollas al que cada vez le costaba más descubrir lo agradable de alrededor. Era lo que ellos llamarían un gracioso perturbado, con mis pequeñas manías, mis juguetitos atroces. Pero es la deshumanización quien hace al humano, el frío de las horribles ciudades de hoy. Esa envolvente cruel e inhóspita de los que, como yo, estaban solos, me había alcanzado. Esto supuso un aumento del margen de mi dolor pero también del del placer y por eso me quedé con los extremos. Si me follabas me corría más que nadie. Era mejor que "centrarse en el egocentrismo", culpa de la tele. Los nuevos seres, preocupados por la lluvia, por la belleza, por la felicidad de escaparate y para quienes todo es relativo: esos son los degenerados.